Aplicando la expiación de Jesucristo en nuestras vidas
Nota: Me pidieron que diera una discursa en la reunión sacramental de la iglesia sobre el tema de «tener nuestros corazones y mentes alineados con la misión del Salvador». Terminé reformulándolo un poco y hablando de cómo aplicar la expiación de Jesucristo en nuestras vidas. Aunque no trata directamente sobre la obra misional, este es el único sitio web en español que tengo, así que pensé en publicarlo aquí.
Momento espiritual en el avión: comprender que la expiación es más grande que el sacrificio expiatorio
Hace muchos años, estaba en un viaje de negocios y tomé un avión. Fue en ese vuelo que tuve uno de los eventos más significativos espiritualmente de mi vida, donde adquirí una comprensión maravillosa del significado de la expiación de Jesucristo, la cual ha influido profundamente en mi vida desde entonces. Ese día leía 2 Nefi , capítulo 2, y al llegar al versículo 10, tuve varias revelaciones profundas que ahora reconozco como un derramamiento de enseñanza del Espíritu Santo.
2 Nephi 2:10 “Y por motivo de la intercesión hecha por todos, todos los hombres vienen a Dios; de modo que comparecen ante su presencia para que él los juzgue de acuerdo con la verdad y santidad que hay en él. Por tanto, los fines de la ley que el Santo ha dado, para la imposición del castigo que se ha fijado, el cual castigo que se ha fijado se halla en oposición a la felicidad que se ha fijado, para cumplir los fines de la expiación;”
Me di cuenta de que esta era la primera vez que aparecía la palabra expiación en el Libro de Mormón. Y al darme cuenta de eso, pensé que debía dejar de lado cualquier idea previa sobre el significado de la expiación y analizarla con nuevos ojos, desde la perspectiva de la intención original del autor. Al estudiar el contexto, la palabra expiación adquirió un nuevo significado. Anteriormente, había equiparado la expiación con el sacrificio expiatorio, el sufrimiento y la muerte de Jesucristo. Pero lo que aprendí este momento es que la expiación es mucho más grande que eso. Tan infinito como es el sacrificio expiatorio, la expiación en general es infinitamente mayor.
El Espíritu me enseñó que la expiación es el proceso de Dios para que lleguemos a ser uno con él. La expiación es el plan de Dios para que seamos sanados, salvos, perfeccionados y regresemos a su presencia. Aprendí que la expiación se asemeja más al plan general de salvación que al sacrificio y la muerte de Jesús. Aprendí que la expiación no es solo algo que Jesús hizo por nosotros, aunque es un componente fundamental, sino que es el camino, el plan y el proceso para que toda la familia de Dios reciba gloria celestial, vida eterna y exaltación.
La expiación de Jesucristo es su misión
Al estudiar el tema de la expiación en los años transcurridos desde aquella experiencia, lo que el Espíritu me enseñó en aquella ocasión se ha confirmado en las palabras de las Escrituras y de los profetas modernos. Permítanme comenzar con un ejemplo de nuestro profeta viviente, el presidente Russell M. Nelson. En un discurso de la Conferencia General de abril de 2017, el dijo:
“Es doctrinalmente incompleto hablar del sacrificio expiatorio del Señor con frases abreviadas, tales como “la Expiación”, o “el poder habilitador de la Expiación” … Tales expresiones suponen un riesgo real de centrar la fe en algo equivocado al tratar el acontecimiento como si este tuviera una existencia viviente y capacidades independientes de nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo…Como Santos de los Últimos Días, nos referimos a Su misión como la expiación de Jesucristo, la cual hizo realidad la resurrección para todos y posibilitó la vida eterna para aquellos que se arrepientan de sus pecados, y reciban y cumplan ordenanzas y convenios esenciales” (véase “Cómo obtener el poder de Jesucristo en nuestra vida”).
Al escuchar esa enseñanza profética, confirmó lo que el Espíritu me había enseñado años antes: que era doctrinalmente incompleto equiparar la expiación con el sacrificio expiatorio de Jesucristo. La expiación de Jesucristo es su misión eterna, desde su preordenación premortal como nuestro Salvador, pasando por su sacrificio expiatorio durante su vida mortal, hasta su resurrección y su función actual al dirigir la Iglesia y traer la salvación a todos los hijos de Dios. Todo forma parte de su misión. Todo forma parte de su expiación.
¿Cómo aplicar la Expiación?
Gracias a esta experiencia espiritual que tuve en el avión, junto con otras similares, he hablado a menudo con amigos y familiares sobre la verdadera naturaleza de la expiación y las implicaciones de ese conocimiento. Un día, recibí un correo electrónico de una querida amiga que tenía preguntas sobre cómo se aplica la expiación a nuestra vida cotidiana. Ella quería saber exactamente cómo la expiación de Jesucristo nos bendice y nos da poder para superar las pruebas, ahora o en la eternidad. En su correo electrónico, utilizó la definición común, aunque incompleta, de expiación: el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús, y expresó su confusión sobre cómo se aplica a nosotros o cómo nos ayuda. Y luego dijo algo que se me ha quedado grabado desde entonces. Ella dijo: “Además del valor psicológico de no sentirnos solos, ¿cómo crea la [expiación] de Cristo… un poder transformador” para darnos descanso o sanación?
Al recordar ese intercambio de correos electrónicos, recordé que muchos de ustedes podrían haber tenido preguntas similares y preguntado: «¿Cómo funciona exactamente la expiación y qué relevancia tiene en mi vida?». Me gustaría compartir con ustedes algunas de las cosas que le dije en esa ocasión sobre cómo aplicar la expiación para generar transformación, sanación y poder para superar las pruebas en nuestras vidas. Aprender a aplicar la expiación es una búsqueda que dura toda la vida para casi todo, pero las siguientes son tres cosas clave que he aprendido y que me han ayudado:
- La expiación es el proceso de llegar a ser uno con Dios a través de Jesucristo.
- Nuestro Salvador Jesucristo tiene un papel indispensable en este proceso.
- Cada uno de nosotros, individualmente, también tenemos un papel en el proceso.
1. La expiación es el proceso eterno de llegar a ser uno con Dios, hecho posible por Jesucristo.
Uno de los primeros pasos para aplicar la expiación a nuestra vida es comprender adecuadamente su significado. Tan infinito como fue su sufrimiento en el Huerto de Getsemaní y en la cruz, la expiación es en realidad infinitamente más que eso. Testifico que la expiación de Jesucristo es un proceso eterno de unión con Dios, hecho posible por nuestro Redentor Jesucristo. Y cuando somos uno con Dios, somos como Él, disfrutamos de su poder y bendiciones, y somos sanados de todas las heridas físicas, emocionales y espirituales.
Académico de la iglesia Hugh Nibley, quien desempeñó un papel importante en mi comprensión de la expiación, confirma la etimología o el significado de la raíz de la palabra expiación. Dijo que la palabra expiación en inglés “realmente significa, cuando la escribimos, ‘unión’, lo que denota tanto un estado de estar en armonía con otra persona como el proceso mediante el cual se logra ese fin” (La expiación de Jesucristo, Parte 1, por Hugh W. Nibley, cursiva añadida).
El mandamiento, o mejor dicho, la meta, por la que también debemos esforzarnos, de ser uno con Dios, está bien documentado en las Escrituras. En su gran oración intercesora en Juan 17:21, Jesús ruega “para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros.” En D. y C. 38:27, el Señor reitera este mandamiento en los últimos días cuando djo: “Yo os digo: Sed uno; y si no sois uno, no sois míos”.
Dado el objetivo de unirnos a Dios, tiene sentido que Dios haga un plan o proceso para que esto sucediera. Dada nuestra condición caída, necesitábamos un Salvador que nos sanara y nos devolviera a la unidad con Dios. Esa es la definición más completa de la expiación de Jesucristo: seguir a nuestro Salvador, el Hijo perfecto de Dios, de regreso a la presencia de Dios y ser uno con él por la eternidad. El Diccionario Bíblico confirma esta definición más amplia de la expiación de Jesús, y explica cómo comenzó mucho antes de su sacrificio expiatorio. Dice que comenzó en el Concilio Celestial, en la vida preterrenal.
“Por su selección y ordenación en el Gran Concilio antes de la formación del mundo, … su vida sin pecado, el derramamiento de su sangre en el huerto de Getsemaní, su muerte en la cruz y su posterior resurrección corporal, realizó una expiación perfecta por toda la humanidad.” (Diccionario Bíblico)
El presidente Joseph F. Smith enseñó que la misión de Jesús, su expiación, no se completará hasta el fin de los tiempos, cuando todos los hijos de Dios hayan sido salvos. Dijo:
“Jesús no había terminado su obra cuando su cuerpo fue inmolado, ni tampoco la terminó después de su resurrección; aunque había cumplido el propósito por el cual vino a la tierra, no había cumplido toda su obra. ¿Y cuándo lo hará? No hasta que haya redimido y salvado a todo hijo e hija de nuestro padre Adán que haya nacido o nacerá en esta tierra hasta el fin de los tiempos… Esa es su misión. (Véase Doctrina del Evangelio, pág. 442. O véase también Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, pág. 87)
Cuando definimos la expiación como el proceso de llegar a ser uno con Dios, comenzamos a ver las Escrituras sobre ella desde una perspectiva completamente nueva. Escrituras fundamentales que conocemos desde la primaria adquieren un significado nuevo. Tomemos como ejemplo el Artículo de Fe 3: “Creemos que por la expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio.” En otras palabras, dada nuestra comprensión más amplia de la expiación, podríamos reformularlo para decir que creemos que mediante el proceso de llegar a ser uno con Dios, que Jesús ha facilitado y ejemplificado, todos los hombres y mujeres alcanzarán la salvación. Esa es una afirmación profunda y verdadera.
Los animo a seguir leyendo y comprendiendo las Escrituras sobre la expiación desde esa nueva perspectiva. Una vez que comprendamos esta visión más amplia, podremos comprender mejor las diferencias entre lo que Jesús hace en el proceso y lo que nosotros debemos hacer. Esto nos lleva a mi siguiente reflexión.
2. El papel indispensable de Jesús en el proceso de expiación
Hablemos del segundo paso para comprender y aplicar la expiación: comprender el papel de Jesús, su misión, su vida, su sacrificio expiatorio y su poder para salvarnos. Cuando comprendamos mejor su papel, estaremos mejor preparados para aplicar su poder sanador para superar las pruebas de nuestra vida y traernos de regreso a la presencia de Dios, nuestro Padre Celestial.
El papel de Jesús tiene dos partes principales: Tomando sobre sí nuestros pecados y defectos y segundo, darnos un ejemplo a seguir. El apóstol principal de Jesús, Simón Pedro, enseñó esto sucintamente cuando dijo que Cristo “llevó nuestros pecados” y también que él “padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pasos” (1 Pedro 2:21,24). Juan el Bautista confirmó de igual manera estos dos papeles principales de Jesús cuando dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Jesús mismo confirmó estos dos aspectos de su papel cuando dijo a los nefitas: “Yo soy la luz… del mundo… y he glorificado al Padre tomando sobre mí los pecados del mundo” (3 Nefi 11:11).
Hoy quisiera centrarme en el papel de Jesús como nuestro ejemplo, sin subestimar en absoluto su papel al tomar sobre sí nuestros pecados. De hecho, la «horrible aritmética» (1) de cómo Jesús tomó sobre sí nuestros pecados es tan grandiosa que creo que deberíamos hablar de esto en otra ocasión. Pero haré eco de las palabras tanto del Nuevo Testamento como del Libro de Mormón al reiterar que no hay otro camino ni otro nombre por el cual la humanidad pueda alcanzar la salvación excepto mediante la sangre expiatoria de Jesucristo (2).
Jesús es el ejemplo que debemos seguir para unirnos a Dios. Así que, dado que su misión es la expiación, vamos a echar un vistazo de algunos momentos clave de la vida eterna del Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, nuestro Salvador y Redentor. Desde su vida premortal hasta su posición final como nuestro Abogado ante el Padre en el Día del Juicio, nos proporciona un ejemplo indispensable.
El autosacrificio voluntario de Jesús en el Concilio Celestial: Como ya se mencionó, la expiación de Jesucristo no comenzó en Getsemaní ni terminó en la resurrección. Su expiación se remonta a la fundación del mundo cuando, en el Concilio Celestial, antes de la creación del mundo, Jesús se ofreció como voluntario para ser nuestro Salvador. Cuando Dios Padre le preguntó a quién enviar, Jesús se puso de pie y dijo: “Heme aquí, envíame a mí” (Abraham 3:27). Desde el principio, Jesús fue un ejemplo de autosacrificio voluntario.
Jesús guió a la nación de Israel en la antigüedad: Jesús es el Dios del Antiguo Testamento. Instruyó a Adán y Eva sobre el sacrificio y la obediencia. Lloró con Enoc y Noé por la maldad del mundo. Se apareció a Moisés en la Zarza Ardiente y lo llamó a liberar al pueblo de Israel de la esclavitud. Se apareció en una nube de día y en una columna de luz de noche para guiar a los israelitas a la tierra prometida. Inspiró las profecías de Isaías. Guió al pueblo de la antigüedad y nos guiará en nuestras vidas hoy, si se lo permitimos.
El humilde nacimiento de Jesús y su creciente sabiduría: Jesús vino a la tierra como un niño humilde. Celebramos su nacimiento virginal cada año en Navidad. Nefi llamó al nacimiento, la vida y el ministerio terrenal de Jesús «la condescendencia de Dios» (1 Nefi 11). Lucas nos dice: «El niño crecía, y se fortalecía y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él. …Y Jesús crecía en sabiduría, y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2:40,52). Todas estas son cualidades que debemos esforzarnos por cultivar para alcanzar la unidad con Dios.
Jesús resiste todas las tentaciones: Jesús enfrentó todo tipo de tentaciones, pero no las prestó atención. Hebreos 4:15 dice que Jesús “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Ninguno de nosotros es perfecto como Jesús, pero podemos seguir su ejemplo esforzándonos por obedecer los mandamientos de Dios, resistir la tentación y decir: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” (Mateo 16:23).
Los milagros de Jesús, sanando cuerpos y almas: Convirtió el agua en vino a petición de su madre, dando ejemplo de deferencia a nuestros padres terrenales. Jesús sanó a los enfermos y las almas de hombres y mujeres durante su ministerio terrenal. Al paralítico le dijo: “para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados …¡Levántate!, toma tu lecho y vete a tu casa” (Mateo 9:6). Sanó a los cojos como demostración de su poder para perdonar y sanar nuestras almas espirituales, que sufren las consecuencias del pecado.
El sacrificio expiatorio de Jesús antepuso la voluntad de Dios a la suya: Cuando Jesús, sufriendo en el Jardín de Getsemaní, “temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu,” (DyC 19:18), el suplicó: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Jesús nos dio el ejemplo de poner la voluntad de Dios antes de nuestros propios deseos.
El flagelo de Jesús demostró paciencia y perdón: considere cómo Jesús fue arrestado, burlado, golpeado, azotado casi hasta la muerte, pero suplicó al Padre en nombre de los soldados a «…perdónalos, porque no saben lo que hacen.» (Lucas 23:34). Ese es un ejemplo de observar situaciones con una perspectiva eterna, ser paciente y perdonar, un ejemplo que todos nos beneficiaríamos de seguir.
La muerte y la resurrección de Jesús superan todas las cosas para que nos hagan completos: En medio de un dolor espiritual y físico insoportable en la cruz, el Salvador ofreció esperanza y tranquilidad a uno de los ladrones a su lado diciendo: » De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43). Este fue otro ejemplo de cómo Jesús siempre miraba hacia afuera, hacia las necesidades de los demás y consolarlos, incluso mientras sufría inocentemente. Al tercer día después de su muerte, rompió «las ligaduras de la muerte, para que el sepulcro no tuviera victoria» (Mosías 16: 7). Se levantó nuevamente y prometió «porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados» (1 Corintios 15:22). Jesús demostró que tenía poder sobre todas las cosas, la enfermedad y la muerte, y que a través de la fe en él, todos podríamos ser sanados y estar completos de nuevo física y espiritualmente.
La aparición de Jesús en América, un ejemplo de ministrar individualmente: Después de su resurrección, Cristo visitó a los nefitas y los invitó uno por uno a conocerlo y palpar las heridas en sus manos, pies y costado (3 Nefi 11). Este es un ejemplo poderoso de ministrar individualmente a las personas, siendo conscientes de sus necesidades y compasivos con sus circunstancias; un ejemplo que todos haríamos bien en seguir.
El ministerio continuo de Jesús en los últimos días demuestra que nos conoce: La restauración del Evangelio en los últimos días es sin duda parte de la expiación de Jesucristo, un recordatorio de que la obra del Señor, la misión del Salvador, su expiación, continúa y que Él no se ha olvidado de su pueblo del convenio. Cuando Dios el Padre y Jesús se aparecieron al profeta José Smith, lo llamaron por su nombre (JS 1:17), lo que indica que lo conocían personalmente. Este es un recordatorio de que debemos conocer a las personas a quienes servimos individualmente, conocerlas por su nombre y comprender sus necesidades para poder ministrarles mejor.
El justo juicio y el perdón de Jesús: Como ya se mencionó, la expiación de Jesucristo no comenzó en Getsemaní ni terminó en la resurrección. Su expiación se extiende hasta el fin del mundo, cuando toda la humanidad será juzgada antes de regresar a la presencia de Dios. Las Escrituras dicen que Cristo juzgará al mundo con verdad y rectitud (Juan 8:16 y Salmo 9:8), lo cual nos recuerda que también debemos ser cuidadosos y juzgar con juicio justo (TJS, Mateo 7:2). Y quienes se hayan arrepentido serán perdonados (D. y C. 58:42; Mosíah 26:30), lo cual nos recuerda que se nos ha pedido que, de igual manera, perdonemos a los demás sus ofensas contra nosotros (D. y C. 64:10; Mateo 6:14).
El papel ejemplar de Jesús en la expiación nos proporciona un ejemplo a seguir cuando volvamos a la presencia de Dios. Él nos dio ejemplo de cómo vivir la vida y luego nos mandó seguirlo (Lucas 18:22). Jesús tiene el poder de salvar, y al seguirlo y poner en práctica en nuestra vida los atributos y características que él ejemplificó, aplicaremos ese poder y nos volveremos completos física y espiritualmente, en unidad con Dios y capaces de vivir en su presencia en la gloria eterna.
3. Nuestro papel en el proceso de aplicar la Expiación
Mi tercer punto clave para aprender a aplicar la expiación a nuestra vida es comprender nuestro propio papel en el proceso. Jesús explicó nuestro papel con sencillez: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). En los últimos días, el Señor fue aún más directo cuando les dijo a José Smith y a los primeros santos: “He aquí, esta es tu obra: Guardar mis mandamientos, sí, con todo tu poder, mente y fuerza” (DyC 11:20).
El Libro de Mormón también refuerza ese mensaje de obediencia a los mandamientos cuando, en la historia de los 2000 jóvenes, dice: “Obedecieron y procuraron cumplir con exactitud toda orden” (Alma 57:21). En el templo, también se nos enseña a guardar los mandamientos con exactitud.
Todos los mandamientos del Evangelio nos ayudan a ser uno con Dios, pero uno estrechamente relacionado con el tema de hoy, la expiación, es la honestidad. Expiación significa ser íntegro, completo y vivir con integridad, lo que implica estar plenamente unido a Dios. La integridad implica decir siempre la verdad y tratar con honestidad a nuestros semejantes. En el Monte Sinaí, este mandamiento quedó grabado en piedra cuando el Señor declaró: “No dirás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16).
Cuando mientes, te falta integridad o unidad contigo mismo y con Dios. Así que proponte decir siempre la verdad y nunca decir ni fingir ser algo que no eres. Sé fiel a ti mismo, sé fiel a Dios, sé fiel a lo que sabes que es correcto, y nunca te dejes persuadir a alejarte de ese fundamento de verdad. Entonces, al menos en ese aspecto de tu vida, habrás aplicado plenamente el principio de la expiación.
Hace varios años, estaba en un viaje de negocios donde mi integridad se puso a prueba. Asistía a la Conferencia Interactiva South by Southwest (SXSW). Muchos de ustedes quizá conozcan SXSW y sus festivales de música y cine más populares. Pues bien, coincidiendo con esos festivales, SXSW celebra una conferencia de mercadeo digital, a la que asistía, y no a los programas de música o cine.
Cuando llegué a la conferencia, fui a la estación de registro para recoger mi credencial que me permitía acceder a todos los discursos y eventos. Les di mi nombre y me entregaron el cordón con mi credencial de acceso, y seguí mi camino. Al salir del recinto, miré mi credencial con más atención y me di cuenta de que, aunque tenía mi nombre, James Smith, no era el tipo de pase que había comprado. Era un pase mucho mejor, un pase dorado, que me permitía acceder a todos los eventos del SXSW, los de mercadeo digital y los festivales de música y cine. El pase que me dieron era probablemente diez veces más caro que el que había comprado.
Bueno, claro, volví y les expliqué a los trabajadores que, sin querer, me habían dado un pase mejor del que había pagado. Los trabajadores se quedaron atónitos ante mi honestidad cuando entregué el pase Oro por el de menor calidad. Dijeron que podría haberme salido fácilmente con la insignia Oro para entrar a todos los espectáculos geniales de música y cine, y que jamás se habrían dado cuenta.
Pero habría sabido yo que estaba siendo deshonesto, y al hacerlo, no habría podido vivir con integridad ni unidad con Dios. He hecho convenios con Dios de obedecer sus mandamientos, y tenía que honrar esa promesa de honestidad si quería aplicar el principio de la expiación a mi propia vida.
Además, sabía que si me quedaba con la credencial que no era mía, le causaría un gran dolor de cabeza al otro James Smith, que pronto pasaría por la cabina de registro buscando su pase de Oro. Quería seguir la exhortación del Salvador: “Traten a los demás tal como quieren que los demás los traten a ustedes” (Mateo 7:12, NVI).
Al despedirme, también esperaba que mi ejemplo de honestidad e integridad ayudara a los trabajadores de la conferencia a tener la valentía de hacer lo mismo en sus vidas y decir siempre la verdad. Si lo hicieran, el mundo sería un lugar mucho mejor, mucho más cercano a la sociedad de Sión que todos anhelamos. Una sociedad de Sión que, por cierto, el Señor definió como la unidad con Dios. “Y el Señor llamó Sion a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en rectitud” (Moisés 7:18).
Conclusión y testimonio
Hermanos y hermanas, sé que a medida que nos esforzamos por comprender mejor la expiación, la función de Jesús y nuestro propio papel en el proceso, y aplicamos esas lecciones a nuestra vida, recibiremos todas las bendiciones prometidas de sanación y completad, y de una plenitud de gozo que vendrá cuando regresemos a vivir con Dios nuestro Padre Celestial en el reino de los cielos.
***** Notas al pie *****
1) “Dispuestos a someterse” Por el élder Neal A. Maxwell, abril de 1985.
2) Solo mediante nuestro Salvador Jesucristo es posible que alcancemos la expiación y regresemos a la presencia de Dios para morar con ellos en unidad por la eternidad. Los siguientes pasajes de las Escrituras son muy claros al respecto.
- Hechos 4:12 dice: “No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.
- Mosíah 3:17 dice: “No se dará otro nombre, ni otro camino ni medio por el cual la salvación pueda venir a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo y por medio de él”.
- Helamán 5:9 dice: “No hay otra manera ni medio por el cual el hombre pueda ser salvo, sino mediante la sangre expiatoria de Jesucristo, quien vendrá; sí, recordad que él viene para redimir al mundo”.



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