Nelson reafirma a todo joven digno capaz de servir en una misión

Preparación Misional de la Conferencia General de Abril de 2022

Nelson reafirma a todo joven digno capaz de servir en una misión
Predicar el Evangelio de paz Por el presidente Russell M. Nelson

Hoy reafirmo enfáticamente que el Señor ha pedido a cada hombre joven digno y capaz que se prepare para la misión y sirva en ella. Para los hombres jóvenes Santos de los Últimos Días, el servicio misional es una responsabilidad del sacerdocio. A ustedes, hombres jóvenes, se les ha reservado para esta época en que tiene lugar el prometido recogimiento de Israel. Al servir en misiones, ¡desempeñan una función crucial en este evento sin precedentes!

Para ustedes, capaces y jóvenes hermanas, la misión también es una oportunidad poderosa, aunque opcional. Amamos a las hermanas misioneras y las acogemos de todo corazón, ¡lo que ustedes aportan a esta obra es magnífico! Oren para saber si el Señor desea que sirvan en una misión y el Espíritu Santo les responderá al corazón y a la mente.

Queridos jóvenes amigos, cada uno de ustedes es crucial para el Señor. Él los ha reservado hasta ahora para ayudar a recoger a Israel. La decisión que tomen de servir en una misión ya sea de proselitismo o una misión de servicio, los bendecirá a ustedes y a muchos más. También acogemos el servicio de los matrimonios mayores, cuando sus circunstancias lo permiten; su labor es sencillamente irreemplazable.

Todos los misioneros enseñan y testifican del Salvador. La oscuridad espiritual en el mundo hace que la luz de Jesucristo sea más necesaria que nunca. Todos merecen la oportunidad de saber en cuanto al evangelio restaurado de Jesucristo.

El servicio misional bendijo mi vida para siempre Por el presidente M. Russell Ballard

Mi servicio misional me preparó para ser un mejor esposo y padre, y para tener éxito en los negocios. También me preparó para una vida dedicada al servicio del Señor en Su Iglesia.

…Como apóstol del Señor Jesucristo, ahora los llamo a ustedes, hombres jóvenes —y a aquellas mujeres jóvenes que deseen servir en una misión—, a comenzar ahora mismo a hablar con sus padres sobre el servicio misional. También los invito a hablar con sus amigos en cuanto a servir en una misión y, si alguno de ellos no está seguro de hacerlo, anímenlo a que hable con su obispo.

Comprométanse con ustedes mismos y con su Padre Celestial a servir en una misión y, de ahora en adelante, a esforzarse por mantener limpios y dignos el corazón, las manos y la mente. Los invito a obtener un testimonio sólido del evangelio restaurado de Jesucristo.

Padres y madres de estos jóvenes maravillosos, ustedes tienen una función fundamental que cumplir en este proceso de preparación. Comiencen hoy a hablar con sus hijos sobre el servicio misional. Sabemos que la familia es la influencia más profunda para ayudar a nuestros hombres y mujeres jóvenes a prepararse.

Si todavía se encuentran dentro de la edad apta para el servicio misional, pero todavía no han servido debido a la pandemia u otras razones, los invito a servir ahora. Hablen con su obispo y prepárense para servir al Señor.

Los animo a ustedes, obispos, a ayudar a todos los hombres y las mujeres jóvenes que están cerca de la edad misional a prepararse para servir; y también animo a los obispos a determinar quiénes tienen edad suficiente, pero todavía no han servido. Inviten a cada hombre joven a convertirse en misionero, así como a cada mujer joven que desee servir.

A los misioneros que están sirviendo actualmente, les damos las gracias. …Ruego que ustedes, hombres y mujeres jóvenes, y sus padres vean y sepan cómo el servicio misional bendecirá sus vidas para siempre.

Alza tu corazón y regocíjate Por el élder Marcos A. Aidukaitis

Cuando me preparaba para ir a la misión, algunas sorprendentes fuerzas trataron de desanimarme. Una de ellas fue mi dentista. Cuando supo que lo visitaba a fin de poder ser misionero, intentó disuadirme de prestar servicio. Nunca había tenido el más mínimo indicio de que mi dentista estuviera en contra de la Iglesia.

Interrumpir mis estudios también fue complicado. Cuando solicité permiso para ausentarme de mi programa universitario por dos años, se me informó que no era posible. Si no regresaba después de un año, perdería mi plaza en la universidad. En Brasil aquello era grave, pues el único criterio de admisión en los programas universitarios era un examen muy difícil y competitivo.

Tras insistir repetidamente, me informaron a regañadientes que, tras estar ausente un año, podría solicitar una excepción por motivos extraordinarios, y esta podría ser aprobada o no. Me aterraba la idea de volver a presentar el difícil examen de ingreso tras dos años alejado de los estudios.

Además, estaba especialmente interesado en una joven y varios de mis amigos compartían el mismo interés. Pensaba: “Si me voy a la misión, correré un riesgo”.

…Servir en una misión de tiempo completo puede parecernos difícil. Tal vez requiera que renunciemos a cosas importantes por un momento. El Señor ciertamente lo sabe y siempre estará a nuestro lado.

…¿Recuerdan los desafíos que pensaba que afrontaba antes de la misión? ¿Mi dentista? Busqué otro. ¿La universidad? En mi caso, hicieron una excepción. ¿Recuerdan aquella joven? Se casó con uno de mis buenos amigos.

…Entre las muchas grandes bendiciones que Él me ha dado por servirle como misionero de tiempo completo están una mayor fe en Jesucristo y en Su expiación, y un conocimiento y testimonio más fuertes de Sus enseñanzas.

…Después de la misión, me beneficié de mi crecido valor para presentarme, en toda circunstancia y ante toda persona, como fiel seguidor de Jesucristo y Su Iglesia, incluso para compartir el Evangelio con la bella mujer que llegaría a ser mi virtuosa, sabia, divertida y amada compañera eterna, la alegría de mi vida.

…La misión moldeó mi vida por completo. Aprendí que vale la pena el esfuerzo de confiar en Dios, confiar en Su sabiduría y misericordia y en Sus promesas. Después de todo, Él es nuestro Padre, y sin duda alguna quiere lo mejor para nosotros.

Conversión a la voluntad de Dios Por el élder Quentin L. Cook

En una memorable conversación con mi sabio y ejemplar hermano mayor, llegamos a la conclusión de que su decisión de servir en una misión y posponer sus estudios dependía de tres preguntas: (1) ¿Es Jesucristo un ser divino? (2) ¿Es el Libro de Mormón la palabra de Dios? y (3) ¿Es José Smith el Profeta de la Restauración? Si la respuesta a esas preguntas era sí, era evidente que Joe podría ser de mayor beneficio llevando el evangelio de Jesucristo al mundo que adquiriendo su título de médico unos años antes.

…estamos agradecidos porque, en medio de una pandemia mundial, los fieles misioneros han compartido el Evangelio. Misioneros, ¡los amamos! El Señor nos pide a cada uno de nosotros que compartamos Su evangelio con palabras y con hechos. Nuestra conversión personal incluye la responsabilidad de compartir el evangelio de Jesucristo con el mundo.

Las bendiciones de compartir el Evangelio incluyen que aumente nuestra conversión a la voluntad de Dios y que dejemos que Él prevalezca en nuestra vida. Bendecimos a otras personas para que experimenten un “potente cambio” de corazón. Ciertamente hay gozo eterno en ayudar a traer almas a Cristo. Trabajar por la conversión de uno mismo y de otras personas es la tarea más noble.

Amar, compartir, invitar Por el élder Gary E. Stevenson

Se puede cumplir con la gran comisión del Salvador mediante unos principios sencillos y fáciles de entender que se nos han inculcado desde la infancia: amar, compartir e invitar.

…Mediante nuestro amor cristiano por los demás predicamos las propiedades gloriosas y transformadoras del evangelio de Cristo, y tomamos parte de manera significativa en el cumplimiento de Su gran comisión.

…Compartir no tiene nada que ver con “vender” el Evangelio. No tienen que escribir un sermón ni corregir las percepciones erróneas de otra persona. En lo que a la obra misional se refiere, Dios no necesita que ustedes sean los que vigilen, pero sí les pide que sean los que compartan. Al compartir con los demás las experiencias positivas que tenemos en el Evangelio, participamos en el cumplimiento de la gran comisión del Salvador.

…Cuando invitamos a otras personas a aprender más acerca del evangelio de Jesucristo, participamos en el llamado del Salvador a implicarnos en la obra de Su comisión.

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